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Beatrice Arraes. Poéticas del subterráneo (2026)



En Poéticas del subterráneo, su primera exposición en México, la artista brasileña Beatrice Arraes presenta un territorio atravesado por hoyos, cráteres, capas y fuerzas volcánicas. Sus piezas nos llaman hacia abajo: a mirar lo que se abre, lo que se hunde y lo que late debajo de la superficie. Aquí, la tierra es materia viva, deseante, llena de entradas secretas y huecos misteriosos.


Poéticas del subterráneo convoca un mundo desde abajo. Un hoyo, una boca, un cráter, una pequeña cavidad abierta en la tierra. Cada superficie guarda una profundidad y cada hueco abre una pregunta. En su primera exposición en México, Beatrice Arraes (Fortaleza, Brazil, 1998) construye un territorio en miniatura atravesado por fuerzas subterráneas: el calor, la presión y el azar. La tierra aparece como materia viva, deseante, llena de entradas secretas y huecos misteriosos.

La exposición reúne fragmentos de una geografía imaginada. Superficies erosionadas, cuerpos volcánicos, escaleras diminutas, contenedores y pequeños accidentes sugieren un espacio en transformación constante. Cada pieza parece marcada por algo que se mueve debajo: una fuerza que empuja, abre, hunde o transforma.

El trabajo de Arraes parte de una relación directa con la materia. Durante su residencia en Guadalajara, la artista experimentó con tierras locales, engobes y procesos de cocción que alteran el color y la superficie de las piezas. La cerámica introduce una dimensión de azar: aquello que entra al horno no vuelve igual. El verde puede oscurecerse. El negro puede revelar matices inesperados. La tierra puede endurecerse sin perder su apariencia vulnerable, como si conservara todavía algo húmedo, algo blando.

Las pinturas expanden esa misma poética. El color aparece por capas: algo de lo que está abajo insiste, se filtra, mancha o vuelve a emerger. Sus formas sugieren territorios inundados, volcanes pequeños, cuerpos minerales y paisajes vistos desde una escala inestable. La pintura no fija una imagen; abre una profundidad.

Los tableros cerámicos se presentan como juegos sin instrucciones. Hay recorridos, pequeñas acumulaciones, marcas, dados y hoyos que podrían indicar movimientos posibles, aunque ninguna regla está dada de antemano. Como en la naturaleza, no se trata de imponer una narrativa cerrada, sino de observar relaciones entre superficie y profundidad, entre contención y desborde. Los dados, artefactos para producir azar, existen desde hace milenios y condensan una relación con la suerte y con aquello que no se puede controlar. Lanzarlos significa aceptar que algo puede caer, entrar, desviarse o desaparecer dentro de un agujero.

El subterráneo no es únicamente lo que está debajo de la tierra. Es también lo que permanece oculto dentro de las cosas: el interior de un vaso, la profundidad de un agujero, la memoria de una capa cubierta por otra, el secreto de una forma cerrada. En diálogo con la imaginación material de Gaston Bachelard, Arraes no revela un contenido definitivo; nos sostiene entre el misterio y el deseo de conocer. Los huecos son entradas posibles a otro lugar: refugios, cráteres, heridas, madrigueras. A veces reciben. A veces expulsan. A veces simplemente guardan.

Al cambiar de escala, el volcán se vuelve sensual: una presencia cargada todavía de calor y de fuerza. La artista desplaza la mirada heroica de la geología y el cono se convierte en un objeto cercano, un altar doméstico. Lo monumental se hace íntimo. Lo profundo se vuelve táctil.