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Bitácora Etnográfica 
  1. Autómata Urbano (2013)



Texto comisionado para el libro “Vagancia” de Israel Martínez, 2013, editado por Suplex, Taller de Ediciones Económicas y Muse de Arte Raúl Anguiano


En la economía del espacio-tiempo, el traslado en la ciudad es considerado una subvención a fondo perdido. Al final del día, la acumulación de minutos invertidos en el desplazamiento del punto A al punto B parece un derroche. Si la rutina se acerca al tiempo se le llama agenda; sin embargo, cuando el tiempo acaricia a la rutina se le acusa de abuso de poder.

Para el mentado autómata urbano, lo mismo es atravesar las entrañas de la ciudad que circular por la epidermis callejera. Las imperfecciones de la cuadrícula metropolitana valen más por su contingencia que por la incomodidad que provocan. Además, el sonido incidental sufre la reforma del gusto personal, privatizando el espacio público a costo de su banda sonora.

Asumidos los mecanismos de desplazamiento, el núcleo urbano se reduce a sus condiciones de movilidad. No obstante, si el tránsito es un rito de paso, el transporte es el estado liminal: es la posibilidad animista del autómata urbano. Es entonces cuando la máquina deviene sensible y el espacio supera su función temporal. Sin embargo, no se trata de frenar; el medio puede ser en un fin en sí mismo cuando el acontecer del entorno deja de ser un accidente y se convierte en motor.

Cuando el autómata urbano es animado pasa a ser, ante todo, un observador. Las figuras referenciales evolucionan para transformarse en detalles que apelan a la sensibilidad. Las luces ya no son instrucciones, la pérdida del tono imperativo da lugar a composiciones de color. Las calles y sus nombres marcan los ritmos de una poesía cartográfica. La ciudad, finalmente, vuelve a asombrarnos.