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EDITORIAL: CAPTCHA o cómo atrapar a un ser humano (2013)



Carta editorial para New York Magazine of Contemporary  Art and Theory, enero de 2013


Como una de las consecuencias de la revolución digital, el acceso a la información se presenta tanto como un derecho como una obligación para los ciudadanos del Internet, quienes construyen y cambian roles con cada click.  El desarrollo del homo digitalis trae consigo un torrente de reconsideraciones teóricas sobre otras dimensiones del ser humano a partir de la conducta online: las tribus creadas en las redes sociales, la sustitución de la división de labores por la creación colectiva y las estrategias de búsqueda y selección que se manifiestan en la historia personal de navegación en Internet, por ejemplo.  

Podría parecer que una edición dedicada al net art debe ocuparse tanto de la evolución de esta forma de arte como de sus puntos de intersección con otras nuevos medios y con la cultura de masa en general. Ciertamente, el net art está ligado a la cultura visual del Internet, como lo evidencia el reciente aumento de elementos y fenómenos dispares: tabletas interactivas, Instagram, tumblr (y su aparente remplazo del blog), la Nueva Estética, seapunk y SOPA. Recientemente, el término gif se convirtió en la palabra del año del Oxford American Dictionary, señalando el apogeo de las piezas producidas para el Internet dentro de la cultura popular.

Sin embargo, más allá del cambio tecnológico los  usuarios activos emergen al centro de todas estas actividades. En una entrada anónima, un usuario preguntó a los administradores de COLLECT THE WWWORLD “¿qué es net art?”.(1) La respuesta no se refirió a medios, temas o técnicas, sino a la nueva condición del usuario: “es el arte de los netizens,” la comunidad que comparte el territorio del Internet. Si esto se lee como un momento recursivo en el modelo histórico, no es de sorprender que las comunidades de artistas en Internet hayan desarrollado un circuito propio que se ha mantenido al margen del sistema durante su auge y que a lo largo de la última década ha sido explorado tanto como crítica institucional como por el replanteamiento de la estética en sí misma.

Sin duda, tanto para proyectos digitales como análogos, la visibilidad y habilidad de circular y ejercer influencia está ligada (quizás directamente) a su presencia online. Empero, parece que aún existe una división entre el mundo (¿mercado?) del arte contemporáneo y el arte de los nuevos medios, que incluye al net art. Y sin embargo, parece inútil enfocarse exclusivamente en un debate sobre cuando y cómo el mundo del arte adoptará completamente a los nuevos medios. Sin duda esto ocurrirá durante las siguientes décadas debido a la penetrante influencia del Internet en la mayoría de las esferas de la actividad humana; por otra parte, el avant-garde nunca ha sido capaz de resistir a la industria cultural por mucho tiempo, y de hecho, no debería.

Al menos actualmente, resulta más útil enfocarse en la -a veces simbiótica, a veces tensa- relación entre el net art y el mundo offline, ya que esto puede llevarnos hacia un mejor entendimiento del medio y su permanencia en la cultura en general. Los artículos que incluimos en esta edición de New York Magazine of Contemporary Art and Theory tratan temas relacionados con el arte que vive o es creado en línea, pero al mismo tiempo buscan recordarnos que el net art es, después de todo, apreciado y creado por seres humanos. Estas piezas tratan cuestiones como la interactividad, el usuario como artista, la autenticidad, la censura, conservación y estrategias de exhibición, el mercado para el arte en línea y proyectos con presencia online/offline, entre otros. Este último elemento es quizás el que fue más recurrente durante la preparación esta edición –la idea de que más allá de la tecnología o código del cual dependa un trabajo, y de los retos que pueda presentar su eventual obsolescencia, sus implicaciones e historia no se realizan completamente ni se contienen únicamente en el ciberespacio.

En otras palabras, parece que el net art no puede y no debe estar totalmente divorciado del arte y de la vida offline; puede ser que los proyectos más relevantes e importantes necesiten estar de alguna forma vinculados con el mundo no-digital. Esto no quiere decir que el net art debería ser replicado con medios análogos, o que de alguna manera tenga que afectar nuestras vidas ‘reales’ de una forma fácilmente discernible. Más bien, podríamos considerar la actual incapacidad o poca disposición del mundo del arte para abrazar al net art como una oportunidad. Quizás, la idea de que el net art es substancialmente diferente del arte y la vida análogas nunca nos abandonará por completo, pero al menos por ahora, la tensión entre esas dos esferas puede ser uno de los principales puntos de entrada a este nuevo medio.

(1) COLLECT THE WWWORLD, The Artist as Archivist in the Internet Age. http:// collectheworld.tumblr.com/