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El Mismo Lugar, Pero Otro Lugar (2025)




PROXYCO, New York

Artistas:
Julieta Beltrán, Adela Goldbard, Cynthia Gutiérrez, Diana Sofia Lozano, Stephanie Lucchese, Daniela Ramírez, Chaveli Sifre, Lucía Vidales y Remedios Varo.


El mismo lugar, pero otro lugar conjura una paradoja de la percepción y una invitación a la fabulación feminista: cómo un sitio, una memoria, un cuerpo, una presencia o una forma pueden parecer familiares y, sin embargo, permanecer radicalmente transformados e indóciles, vivos con un potencial latente. Esta exposición colectiva reúne obras de Julieta Beltrán, Adela Goldbard, Cynthia Gutiérrez, Diana Sofia Lozano, Stephanie Lucchese, Daniela Ramírez, Chaveli Sifre y Lucía Vidales, en diálogo con una selección de bocetos de Remedios Varo, para reflexionar sobre ideas de desplazamiento, mutación, ruptura y reinvención a través de territorios materiales, políticos y metafísicos.

Las artistas participantes comparten una afinidad por lenguajes visuales especulativos—que van desde metodologías surrealistas hasta el ensamblaje ritualista, la distorsión narrativa y la narración política. A través de sus diversas prácticas, reimaginan las fronteras porosas entre los mundos naturales, lo sagrado y lo profano, y lo mítico y lo histórico. En su conjunto, la selección de obras traza los contornos de un imaginario feminista—uno que reivindica la intuición, el sueño, el deseo y la magia como modos fértiles de construcción de mundo.

Varias obras trazan un retorno al cuerpo—no como un recipiente fijo, sino como una entidad espectral, híbrida y resistente. Desde las transmutaciones alquímicas de Chaveli Sifre, que convierten símbolos en revuelta espiritual, hasta las narrativas corporales de Julieta Beltrán sobre la autoconstrucción y la memoria personal, el cuerpo se vuelve un sitio tanto de herida como de asombro. En diálogo con estas exploraciones, la pintura de Lucía Vidales escenifica una figura en descomposición dentro de ecologías lúgubres y estridentes, donde el placer y la decadencia se entrelazan en una danza de belleza trágica: deshecha pero luminosa, trágica pero viva.

Otras obras en la exposición ponen en primer plano preocupaciones ecológicas, cósmicas y místicas. Daniela Ramírez invoca las propiedades psicodélicas de la flor de ololiúqui para trazar interrelaciones cósmicas entre la planta, los cuerpos celestes y el espíritu. La flora mutante de Diana Sofia Lozano se camufla de la mirada imperial, invocando la inteligencia insurgente de las plantas. Las obras pirotécnicas de Adela Goldbard encienden lo volcánico y lo revolucionario, vinculando la artesanía tradicional con historias de resistencia en México, transformando la pirotecnia en una práctica archivística y en un compromiso con un futuro más sostenible.

Las intervenciones sutiles pero poderosas de Cynthia Gutiérrez ofrecen una poética de la ruina y la reconstrucción. Mientras tanto, Stephanie Lucchese convoca extraños jardines de deleite—tableaux sensuales en los que cuerpos exuberantes y formas comestibles se arremolinan en ficciones teatrales, y el deseo se coagula en un portal hacia un mundo inquietante de su propia creación.

A lo largo de la exposición, la presencia de Remedios Varo—cuyo trabajo fusionó de manera fluida la ciencia, la magia y el subconsciente—funciona como una compañía espectral. Sus dibujos ofrecen un punto de referencia generativo, iluminando cómo la experimentación artística puede conjurar cosmologías alternativas y futuros feministas.

En conjunto, las obras en El mismo lugar, pero otro lugar crean una gramática visual que desestabiliza las narrativas lineales y abre portales hacia espacios donde la memoria muta y la transformación persiste. Aquí, el lugar no es un destino, sino un campo de traducción continua—un paisaje donde lo familiar se vuelve extraño y lo extraño se convierte en un nuevo tipo de hogar.




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