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El negro Beatriz Zamora (2015)
La exploración del color negro es una de las preocupaciones más representativas del trabajo de Beatriz Zamora. Este ejercicio monocromático desentraña una investigación plástica que ha llegado a incluir materiales usualmente ajenos a la pintura, como obsidiana o carbón. Así, la artista ha creado un amplio repertorio de matices que conjugan la textura y la plasticidad como planteamientos del color. Sin embargo, más allá de un discurso sobre el cromatismo, su cuerpo de obra apuntala a un acercamiento epistemológico; en lugar de indagar sobre las cosas negras, Zamora se pregunta por la negrura de las cosas.
Estos cinco imponentes bloques de resina acrílica refieren a una de las cualidades más seductoras del negro: su capacidad semiótica de conciliar nociones que son esencialmente opuestas. Con la posibilidad de connotar al mismo tiempo la saturación y la ausencia; el vacío y la abundancia; la inexistencia y la presencia; la adición y la sustracción, o el todo y la nada, los monocromos negros como proyecto pictórico ocasionan un espacio para el encuentro de dualidades conceptuales. Aunque esta mediación crea una tensión casi antagónica, no se trata necesariamente de una lucha de contrarios, sino de una convivencia dicotómica que saca a relucir la raíz latina de la palabra versus: un movimiento de ida y regreso que ha sido malentendido como una oposición.
Extendiéndose sobre superficies bidimensionales, la negrura de la resina se entrega al espectador con sutiles variaciones entre cada uno de los cuadros. La paleta cromática sostenida en las escalas y matices del negro permite contemplar un sólo color como un cúmulo de potencialidades. Reparando en un persistente ejercicio de cuestionamiento que aspira a vislumbrar qué tan negra es la negrura de las cosas, la obra de Zamora exhorta a la superación de concepciones maniqueas sobre la realidad para rendirse ante las tonalidades que ofrece la vida misma.