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El nuevo arte de hacer libros (2016)
En el contexto de la revolución digital, el libro como transmisor de conocimiento ha sido cuestionado como soporte: víctima de su propia funcionalidad, paria de la tecnofilia. La metamorfosis del papel y la tinta hacia los piexeles en pantalla es una promesa de permanencia y abundancia. La información toma nuevas formas, se extiende y se repite, aparece en todos lados. Sin embargo, los libros resisten. ¿Quién, entonces, hace los libros?
En el contexto de la revolución digital, el libro como objeto vive en un escenario de prosperidad. Nostalgia, innovación, rescate, aprehensión. Se siguen haciendo libros en toda la extensión de su diversidad formal. Ejemplares hermosos, atractivos, cuyas notas táctiles y visuales superan a sus contenidos en materia de tentación. Más que instrumentos de difusión, son materiales de seducción. Las bibliotecas, seguramente, algún día serán museos. ¿Quién, entonces, hace los libros?
Desde hace algunos años, es una arquitecta quien hace los libros: Maricris Herrera (Ciudad Juárez, 1974). Su trabajo en el campo editorial la ha puesto en la mira de artistas, curadores e instituciones culturales tanto en México como en el extranjero. En poco tiempo, Estudio Herrera se ha convertido en un referente para el diseño en el campo del arte y la cultura a nivel internacional.
La incursión de Herrera en este terreno partió del desarrollo de la identidad del Museo de Arte de Sinaloa (MASIN) en 2010. Sus pininos continuaron en proyectos relacionados con la música y el cine, pero se perfilaron con la definición de su relación e interés en el arte y proyectos culturales, distinguiendo su estilo de trabajo que ella misma llama “no-diseño”.
Tiempo después, Herrera se encargó del departamento de diseño gráfico para el proyecto del Museo Jumex. Trabajando en colaboración con el diseñador inglés John Morgan, generaron una línea de identidad para el museo. Herrera desarrolló y estructuró la ahora icónica identidad del museo como un todo, extendiéndola hacia la Fundación Jumex y creando una plataforma en línea para la institución.
Así, es como Herrera comenzó a hacer libros. Como parte de su trabajo en el Museo Jumex, se ocupó de construir un esquema de publicaciones que generaba contenidos más allá de los catálogos de las exposiciones. La división editorial de Fundación Jumex se concretó como una plataforma para la difusión del pensamiento crítico, la revisión histórica y proyectos de investigación sobre arte contemporáneo. En este periodo realizó publicaciones como Las ideas de Gamboa, Dodo, La revolución permanente, James Lee Byars 1/2 an Autobiography (1), Guy de Cointet – Tempo Rubato, entre otros. Además, como parte de la nueva faceta academica de estas publicaciones El cubo de Rubik, arte mexicano en los años 90 y El cristal se venga. Textos, artículos e iluminaciones de José Luis Brea.
En 2014, junto a Mariana Munguía y Juan A. Gaitán, desarrolló el concepto para Excursus, el catálogo que derivó de la 8va Bienal de Berlín. Esto resultó un parteaguas en la práctica de Herrera por haber requerido un importante acercamiento a los procesos de más de 60 artistas participantes. Posteriormente, como Estudio Herrera y consolidada como una figura clave en materia de diseño en la industria cultural, le fue entregada la encomienda de innovar la imagen del Museo Tamayo.
El año pasado, en mancuerna con Patrick Charpenel y Moisés Cosío, Herrera fundó Ediciones MP (Manufacturados en papel), como “una iniciativa de rescate” en miras a renovar la idea de la publicación impresa. El planteamiento anticipa cuatro colecciones: De consulta, Académica, Libro de artista y Monográfica, comprendiendo el estudio del arte moderno y contemporáneo. Su programa de producción surge de extender invitaciones a colaboradores para editar materiales sobre temas que les interesan. Es por eso que se autonombran “Ediciones MP”, distinguiéndose así del formato de una editorial. En febrero pasado presentaron su primera entrega: Otra literatura de Jorge Méndez Blake.
¿Quién, entonces, hace los libros? Los procesos de trabajo de Maricris Herrera están estrechamente ligados a su formación y pensamiento de arquitecta. En sus propias palabras, el hacer libros “la regresa a ser arquitecta”: a pensar en “cuatro dimensiones”(2), generando espacios para que sean habitados por vacíos, palabras, líneas y material visual. A edificar estructuras en un marco de colaboración: autor, concepto, texto, medio, soporte y lector. Sus libros, en este sentido, no están sometidos al texto, son objetos con su propio lenguaje y andamiaje. Son configuraciones que edifica, construye y permite habitar.
(1) Estos últimos la hicieron acreedora al reconocimiento de The Design Observer y AIGA, como parte de los mejores 50 libros de 2014.
(2) Para Herrera, la cuarta dimensión es el tiempo. Según Carrión, “Un libro es una secuencia de espacios. Cada uno de estos espacios es percibido en un momento diferente - un libro es también una secuencia de momentos. Un libro es una secuencia de espacio-tiempo.”