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Mathias Goeritz +  Formas / Soluciones / Temas (2015)



Museo Cabañas, Guadalajara, MX


Curada por Daniel Garza Usabiaga
Asistente curatorial: Paulina Ascencio




INTRODUCCIÓN

El Instituto Cultural Cabañas cuenta como parte de su colección con más de 200 piezas de la autoría de Mathias Goeritz. El artista conservó estas obras hasta el momento de su muerte. Los trabajos comprenden dibujos, pinturas, guaches, esculturas, collages, ensambles, relieves. El conjunto da cuenta de la totalidad de la producción de Goeritz. Existen desde ejemplos realizados antes de su llegada a México, vía Guadalajara, hasta sus trabajos más tardíos. Esta exposición, en primera instancia, busca mostrar el mayor número posible de piezas de esta colección con el fin de dar visibilidad a esta destacada parte del acervo que resguarda la institución.

Como se sabe, este año 2015 se celebra el centenario del natalicio de Mathias Goeritz. Dicha efeméride ha dado pie a que se formulen y organicen numerosos eventos y proyectos que han buscado reflexionar en el legado de este importante artista. Esta exposición se inscribe dentro de tales iniciativas. Más que centrarse en la biografía o en la formulación de un argumento de corte historiográfico, este proyecto dirige la atención a su obra. A partir de la colección que alberga el Instituto Cultural Cabañas este ensayo museográfico intenta pensar la producción de Goeritz plásticamente - indagando en sus formas, soluciones y temas. Este tipo de análisis, como se sabe, no excluye la revisión histórica alrededor de la figura del creador.

Goeritz llegó a México en 1949 y se estableció en la ciudad de Guadalajara, donde vivió por un poco más de tres años. Desde que arribó al país jugó un papel crucial en introducir formas no-objetivas al terreno del arte, en experimentar con nuevos formatos monumentales y en desarrollar un repertorio de formas que llegó a reproducir en distintos medios y soportes – en lo que constituye un fuerte antecedente de una práctica multidisciplinar. La novedad y originalidad de sus soluciones estuvo determinada, en gran medida, por la manera en la que mantenía un diálogo con las prácticas de las vanguardias internacionales mientras que actualizaba tradiciones, técnicas y legados artísticos locales. Aunque Goeritz recibió comisiones de múltiples y disímbolos actores (desde el Estado hasta la Iglesia) y realizó obra en sitios tan dispares como hoteles de gran turismo y construcciones fabriles, existen ciertos temas que se reiteraron en su producción: el erotismo, lo ominoso y al que, sin duda, dedicó más tinta y palabras, la espiritualidad.  Temas que, se puede decir, operan prácticamente de manera simbólica.

   


FORMAS

GEOMETRÍA / REPERTORIO DE FORMAS Y MULTIPLICIDAD DE MEDIOS / ESCALA


Uno de los rasgos característicos de la producción de Goeritz al llegar a México fue la adopción de formas simplificadas  y elementales, entre las que destacan los cuerpos geométricos. Con esto, fue el primer artista en desarrollar un lenguaje radicalmente no figurativo / no objetivo en México. En el curso de Educación Visual que impartió en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Guadalajara exploró –junto a sus alumnos – el uso de estas formas para indagar en problemas fundamentales sobre la producción de imágenes. Como algunas iniciativas de vanguardias europeas (como la Bauhaus), el trabajo de Goeritz demostraba el potencial ilimitado que encierra el aparentemente limitado lenguaje de la abstracción geométrica. Al igual que sucedió en la Bauhaus, el artista alemán afincado en México entendió que este tipo de lenguaje o representación era la más coherente con la propuesta técnico-constructiva de la nueva arquitectura moderna que, por ese entonces, contaba con un gran auge a lo largo del país. Como varios maestros y alumnos de la escuela alemana, Goeritz consideraba la presencia del color en estas formas con el fin de dotarlas de cierta cualidad.

Además de formas simplificadas o geométricas, Goeritz desarrolló a lo largo de su carrera un repertorio de imágenes que puso en circulación en numerosos y diferentes medios y soportes. Una imagen –como uno de los Crucifijos de la serie Salvador de Auschwitz (iniciada en 1950) – puede aparecer en distintas escalas como objeto tridimensional, sobre papel como una serigrafía o un gouache, en un gobelino o como parte del ornamento de una espacio religioso. Esta variedad de soportes y técnicas puede dejar entrever el proceso creativo de Goeritz donde una imagen surgida en determinadas circunstancias es susceptible a sufrir múltiples configuraciones. Dicha multiplicidad descubre, también, un aspecto fundamental del proceso de producción del artista, en el cual delegaba la realización de sus obras a distintos especialistas (principalmente trabajadores especializados como artesanos). Goeritz desarrollaba los proyectos y producía las propuestas de imagen, otros las ejecutaban.            

Años después de que terminara la construcción de su Museo Experimental El Eco (1952-53), Goeritz declaró que ese proyecto le había abierto la puerta a una investigación sobre el tema de la escala y que el edificio lo había diseñado como una enorme escultura. A partir de esa facha, se embarcó en una constante exploración de la monumentalidad como una cualidad afectiva: la impresión que producen ciertas formas fuera de la escala humana. Su propuesta (desarrollada por primera vez junto a Luis Barragán con las Torres de Satélite en 1957-58) fue la de una escultura monumental urbana como una nueva alternativa de arte público que, gradualmente, desplazaría al muralismo en lo que respecta a comisiones del Estado. Al presentar formas elementales y volúmenes geométricos, Goeritz llegó a referirse a su trabajo con el nombre de “escultura de formas primarias” buscando relacionar, de esta manera, su propuesta de escultura monumental urbana con la práctica del Minimalismo de la posguerra.


SOLUCIONES

ARCAÍSMO – REGIONALISMO / VANGUARDIAS INTERNACIONALES

Antes de llegar a México, Mathias Goeritz residió en España (1945-49) donde estuvo involucrado con el grupo de artistas conocido como la Escuela de Altamira. En ese momento, el artista desarrolló un estilo inspirado en el arte arcaico – como el de las pinturas rupestres. El arte arcaico representaba una alternativa al arte académico y, por lo mismo, era propicio para ser adoptado por distintos personajes de vanguardia. Goeritz conservó este estilo durante los primeros años que vivió y trabajo en México. Prueba de esto son las esculturas El animal del Pedregal (1951) y la serie de trabajos relacionados con la figura del Animal herido. Gradualmente, Goeritz incorporó a su producción técnicas, referencias y formas artísticas regionales. Realizó, por ejemplo, obras monocromáticas actualizando técnicas propias del pasado colonial o formas culturales indígenas, como los conocidos como Ojos de Dios de los Huicholes.

El monocromo – resuelto por Goeritz con hoja de oro o mecates y cuerdas – gozó de cierta vitalidad, en su producción y su reflexión, a nivel internacional durante la posguerra. Aunque anclada en un contexto local, la obra del artista mantenía un diálogo con el arte internacional, principalmente con las neo-vanguardias europeas. Si bien desde que llegó a México profesó su admiración por Dada, nunca dejó de reflexionar en la obra de sus contemporáneos en distintas partes del mundo: en el monocromo asociado a Yves Klein, las perforaciones de Lucio Fontana, las acumulaciones de los Nuevos Realistas y el uso de materiales reflejantes (como el aluminio) con fines perceptuales tal y como sucedía con los miembros del grupo ZERO. Goeritz - a través de sus clases, escritos, trabajos editoriales y curatoriales – jugó un papel de primera importancia para la divulgación del arte de vanguardia internacional en México. Prueba de esto fue la organización de la primera Exposición de Poesía Concreta Internacional  que se realizó en 1966.

TEMAS

Algunos de los temas presentes en la obra de Goeritz son el erotismo y lo ominoso. Lo segundo, identificable con una sensibilidad expresionista (alemana), reflexionaba sobre el acontecer de la época – principalmente en las condiciones de la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y la experiencia del exilio. El Museo Experimental El Eco (1952-53) contaba con un programa que buscaba transmitir esta cualidad inquietante. Prueba de esto era la escultura que Goeritz diseñó para el patio: La serpiente (1953). El artista la describió como una “forma inquietante” que buscaba englobar la “angustia del hombre en el universo”.

No obstante, el tema que más ocupó la producción y el discurso de Goeritz fue lo espiritual – en gran parte como respuesta y antídoto a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial y la debacle que representó en términos humanísticos. Después de tal catástrofe histórica, desde su perspectiva, el arte debía de contar con un nuevo programa de restitución cimentado en lo espiritual. Goeritz, por un lado realizó una obra artística de carácter religioso y litúrgico: desde crucifijos de pequeño formato hasta vitrales abstractos para distintos templos y sinagogas. Dentro de este tipo de producción de carácter religioso destaca el uso de la hoja oro. Más que por su valor, el artista utilizó este material por sus características lumínicas y, así, poder representar lo espiritual a través de la luz. Por otro lado, más que referirse a una fe en particular, Goeritz presenta un sentido de espiritualidad que atraviesa y une varias religiones. Un ejemplo que demuestra esta perspectiva del artista es el Laberinto de Jerusalén (1973-1980). Ubicado en Israel, este proyecto contempla un espacio que da cabida a distintas fes.