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“Hoard anything you can’t download.”
Tres acercamientos a la materialización de lo digital (2017)



Published in Un oponente formidable.
Art criticism in Guadalajara today, 2017, Taller de Ediciones Económicas, Editorial Terremoto y PAOS




“(…) en el límite, todo objeto antiguo es bello simplemente porque ha
sobrevivido y se convierte por ello en signo de una vida anterior.” (1)



Del papel al internet


Las últimas dos décadas han dado muestra del enorme espectro de posibilidades que ofrece el internet. El tratamiento de la información se ha transformado sobremanera en términos de expansión, reproducción, edición y publicación. Los soportes tradicionales de transmisión de conocimiento –libros, periódicos, documentos, archivos, publicaciones– son los mártires de la tecnofilia, los caídos de la revolución digital.

Uno de los ejemplos más visibles del sacrificio del papel es la Enciclopedia Británica. Publicada desde finales del siglo XVIII, en 2012 sus editores anunciaron que la Enciclopedia ya no existiría de forma impresa y que únicamente se publicaría su edición online. Los formatos digitales han tomado las riendas de la distribución de la información, cambiando los acercamientos al conocimiento con la promesa de un beneficio común.

Un proyecto de innegable repercusión en este sentido es Wikipedia. Anunciándose como “la enciclopedia de contenido libre que todos pueden editar”, se ha convertido en uno de los recursos más utilizados para la publicación y consulta de contenidos. Es una clara muestra de las cualidades dinámicas de la información: se edita cientos de veces diariamente en 287 idiomas, valiéndose de rigurosas políticas para realizar cambios y se sustenta con referencias en línea para mantener su veracidad. Además, cuenta con más de 37 millones de artículos, aunque la cifra resulta obsoleta pues el conteo cambia por segundo. “La versión impresa de la Wikipedia (en inglés), dicen, equivale a 1,897.4 tomos de la Enciclopedia Británica.”(2)

En la misma línea, en 2011 arrancó Google Cultural Institute, que incluía y extendía el Google Art Project y Google Arts & Culture. La iniciativa es “un esfuerzo para que material cultural importante esté disponible y accesible para todos y para preservarlo digitalmente para educar e inspirar a futuras generaciones.”(3) Al proyecto se sumaron más de mil museos, archivos e instituciones culturales que digitalizaron sus obras, contenidos y documentos, en un afán de conservar y proteger objetos que componen la narrativa histórico-cultural global.

Ambos proyectos demuestran la decadente confianza en los objetos físicos en materia de preservación y protección de la información. Las grandes pérdidas patrimoniales a consecuencia del curso del tiempo, desastres naturales, o eventualidades destructivas han resaltado la importancia de la búsqueda por la permanencia en soportes digitales. Esto, por un lado, podría ser considerado como un proceso de des-fetichización de los objetos, que sucumben ante la naturaleza transformativa de la digitalización. Asimismo, con la diseminación de la información a una escala sin precedentes, contribuyen a la democratización del acceso y la divulgación de la memoria colectiva.

La transformación del objeto físico al objeto digital sienta nuevos términos de producción, presentación y consumo de información. Esto ha generado dislocaciones en la concepción de derechos de autor y patrimoniales, suscitando conflictos alrededor del manejo, dominio y distribución de contenidos. Es entonces cuando se cuestionan las dimensiones de los procesos de democratización y se generan iniciativas como el copyleft, o cesión de derechos; o el open-source, para la disponibilidad y libre modificación de contenidos.

Al enunciar las cualidades, atributos y desventajas de la digitalización de materiales físicos, parece que el proceso es orgánico y unilateral. La esperanza de permanencia se manifiesta indiscutible, certera y anhelada, pero es virtual. La transformación de la información del papel hacia la nube también ha evidenciado un cambio crucial en la forma en que nos relacionamos con ella.

El tratamiento que le damos a los objetos físicos dista mucho del que le damos a los objetos digitales.(4) Un acercamiento de orden formal a la inversa resulta muy esclarecedor de esta premisa. Es decir, ¿qué sucede de forma opuesta, cuando la información se transforma en objeto físico? Tres proyectos recientes desarrollados por artistas son el punto de partida para repensar y cuestionar la relación con los objetos físicos en consecuencia de la revolución digital.


Thank You Internet


Como parte de la colección Seminario de tesis, en 2012 el Taller de Ediciones Económicas (T-E-E) publicó Thank You Internet, de Jaime Martínez (Monterrey, 1978). Uno de los modelos de producción del T-E-E ser basa en la elaboración de publicaciones de bajo costo en colaboración con artistas mexicanos, lo que ellos mismos llaman “libros-obra”.(5)

Martínez es un artista visual que ha utilizado el internet como herramienta de producción, como medio de difusión y, en este caso, como tema y contenido. Desde hace varios años, Martínez lleva la cuenta throwtolion.tumblr.com, en donde publica imágenes encontradas en internet o generadas por computadora. El artista trabajó con el T-E-E para hacer Thank You Internet, un compilado de esta selección impreso por risografía. Esta técnica es una mezcla entre la serigrafía y la fotocopia: a partir de un master se genera la impresión a una sola tinta. El proceso es bastante manual y, por lo tanto, susceptible a imprecisiones.

Thank You Internet compendia imágenes de naturaleza digital y las registra en conjuntos monocromáticos en tres colores: rojo, verde y azul. En la selección figuran caricaturas, fotografías, capturas de pantalla y material encontrado cuyo formato original es el pixel en pantalla y que posteriormente sufren una transformación formal a través de la impresión. Se trata de un proceso de traducción de lo digital a lo físico en el que la unidad más pequeña de la imagen digital se convierte en parte del granulado que genera la risografía.

En comparación con los métodos de impresión que prometen alta fidelidad a la imagen digital, la risografía parece arcaica y obsoleta. Sin embargo, las posibilidades que ofrece para la experimentación de la imagen han resultado bastante fértiles para la producción de libros de artista. A través del proceso de impresión, el contenido digital que reúne Thank You Internet es alterado desde su unidad radical para su transformación en una forma física. En este sentido, la imagen sacrifica color y definición para cobrar materialidad.


Printing Out the Internet


Internetausdrucker(6) es un término alemán que se refiere de forma peyorativa a personas que necesitan imprimir contenidos de internet para entenderlos. Sin embargo, para Kenneth Goldsmith (Nueva York, 1961), la combinación command+p resultó una forma de hacer democracia(7).  El 22 de mayo de 2013, Goldsmith lanzó una convocatoria abierta en la que pedía a los participantes imprimir cualquier contenido encontrado en internet y enviarlo a la Galería LABOR, en la Ciudad de México. El llamado proponía un proyecto colaborativo para imprimir la totalidad del internet. Printing Out the Internet derivó en la hacinación de 10 toneladas de papel en un espacio de la galería,(8) e inspiró un maratón de lectura en voz alta del material acumulado.

La iniciativa se anunció como un homenaje al hacktivista Aaron Swartz, que formó parte del movimiento de liberación de información y documentos en internet. Swartz fue arrestado en enero de 2011, acusado de robar una gran cantidad archivos de JSTOR(9) a través del canal de datos del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Después de disculparse, regresar y pagar los archivos a JSTOR, Swartz fue sometido a un proceso penal cuya resolución lo condenaba a 35 años de prisión y multas por un millón de dólares. Anunciado el veredicto, Swartz se suicidó el 11 de enero de 2013.

Printing Out the Internet fue objeto de muchas controversias. Por un lado, una petición en change.org auguró el impacto ambiental que implica la respuesta a la convocatoria. A pesar de los planes de reciclar el material recibido, la petición denunciaba el gasto de recursos energéticos y la contribución al efecto invernadero y al calentamiento global.(10)

Por otro lado, por la naturaleza dinámica de la creación y diseminación de contenidos en internet, Printing Out the Internet fue calificado como un proyecto fallido desde su concepción. Sin embargo, Goldsmith no buscaba el éxito del proyecto. Más bien estaba interesado en la idea del internet como algo material y en el poder transformativo de la impresión sobre la información.

Además, esta propuesta dialogaba con UbuWeb, otro gran proyecto de Goldsmith. Notable por albergar y hacer accesibles al público materiales avant-garde, UbuWeb es uno de los archivos más importantes para consultar piezas en formatos de video, sonido y arte digital de forma gratuita. Es otro intento –este sí, bastante exitoso– por liberar contenidos de forma no comercial para su estudio y reconocimiento en el contexto actual.

La impresión de materiales protegidos y documentos personales fueron modos de protesta contra las limitaciones impuestas en el afán de controlar el internet. En este sentido, Printing Out the Internet resultó una forma de sedición a las políticas de distribución de información, una rebelión contra las corporaciones que manejan y establecen los términos en que se liberan o restringen contenidos. “Cuando nuestro contenido es impreso, se convierte en algo diferente.”(11) En su forma concreta, el contenido es liberado de las políticas que controlan su carga y descarga.


Collect the WWWorld. The Artist as Archivist in the Internet Age


Desarrollado por el curador Domenico Quaranta, (Brescia, 1978), “Collect the WWWorld quiere mostrar cómo la generación del internet está dando un nuevo ímpetu a una práctica artística abierta en los 60 por el arte conceptual, y desarrollada en las décadas siguientes en la forma de apropiación y posproducción: una práctica que ve a los artistas explorar, coleccionar, almacenar, manipular y reutilizar grandes cantidades de material visual tomado de la cultura popular y el mundo de la comunicación.”(12)

Collect the WWWorld surgió como una compilación en Tumblr de material creado por artistas de internet. En este caso, la plataforma funciona como un archivo histórico de net-art, hospedando la obra de artistas como Evan Roth (Michigan, 1978), Aleksandra Domanovic (Yugoslavia, 1981), Jon Rafman (Montreal, 1981), entre otros. Posteriormente, el proyecto se materializó en exhibiciones en tres espacios físicos: 319 Scholes en Nueva York, House of Electronic Arts en Basilea, Suiza, y Spazio Contemporanea en Brescia, Italia. Finalmente, Collect the WWWorld completa su proceso de materialización al tomar la forma de un libro que documenta los procesos y resultados del trabajo de 26 artistas cuya obra se origina en soportes en línea. El libro está disponible en formato impreso y en su edición digital.(13)

La noción del artista de internet como archivista pone en evidencia la común práctica de acumulación de materiales digitales que permea el comportamiento de nuestra generación. La acumulación dejó de ser un problema en términos espaciales gracias a las capacidades de almacenaje que ofrecen los dispositivos actuales. Sin embargo, las formas de apropiación, uso y presentación de estos materiales distinguen a estos artistas de un e-hoarder común, que acumula sin filtros y por miedo a desprenderse de objetos digitales.


Hoard anything you can’t download


Enunciado por el artista Douglas Coupland (Alemania, 1961) como parte de sus interpretaciones de las teorías de Marshall McLuhan para la era de internet, “acumula todo lo que no puedas descargar” figura como una primera conclusión a los procesos de transformación de la información en soportes físicos a digitales y viceversa. Sin embargo, con las dinámicas de transformación al alcance de un comando, podría completarse con la idea de que también “se puede acumular todo lo que se descarga”.

En la diferencia del tratamiento de los objetos físicos y los objetos digitales, el acumulador material fuera de los límites del orden –más allá del archivista y el coleccionista– es acusado y señalado, víctima de un trastorno anormal. Por otro lado, como efecto Espartaco, e-hoarders somos todos.  






(1) Jean Baudrillard, El sistema de los objetos. Siglo XXI editores, México, 2014. P. 93

(2) Daniela Franco, “Imprime, que algo queda: poeta convoca al mundo a imprimir todo el internet”, en Letras libres. 26 de julio de 2013.
[http://www.letraslibres.com/mexico-espana/imprime-que-algo-queda-poeta-convoca-al-mundo-imprimir-todo-internet]

(3) [https://www.google.com/culturalinstitute/about/]

(4) Con objeto digital me refiero a la forma que toma la información digitalizada.


(5) [http://www.t-e-e.org/sobre-el-tee/]



(6) [https://twitter.com/zalez/status/2647707115]


(7) [https://twitter.com/ubuweb/status/372557629253373952]


(8)  [https://en.wikipedia.org/wiki/Printing_out_the_Internet]


(9) jstor.org es una biblioteca digital de contenidos académicos cuyo acceso está limitado a instituciones subscritas.


(10) https://www.change.org/p/please-don-t-print-the-internet]


(11) Orit Gat, “To Bind and To Liberate: Printing Out the Internet” en Rhizome Blog. 1 de mayo de 2014. [http://rhizome.org/editorial/2014/may/1/printing-out-internet/]

(12)  [http://collectheworld.tumblr.com/concept


(13) [http://www.lulu.com/shop/domenico-quaranta-and-gene-mchugh-and-joanne-mcneil-and-josephine-bosma/collect-the-wwworld-the-artist-as-archivist-in-the-internet-age/ebook/product-17353206.html]