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Reparar, 1999 Silvia Gruner (2015)


Publicado en Rastros y vestigios. Indagaciones sobre el presente, 2015, Colección Isabel y Agustín Coppel



Como evidencia del daño, una fisura hace presente la memoria de un punto de quiebre. En un trabajo de restauración, Silvia Gruner convierte las grietas del suelo en estelas de experiencia, concentrándose en restablecer el estado unitario de aquello que ha sido fragmentado. La acción de reparar es un noble –pero ingenuo– afán de contener el transcurso de la decadencia y el apremio del deterioro. Sortear la consecuencia última es un acto de resistencia que adquiere un carácter existencialista.  

Sin embargo, más que un ejercicio de rescate, Reparar es un proceso paliativo. A manera de una curación de primeros auxilios, las juntas de cinta adhesiva son el revestimiento de los rastros del tiempo vivido y de lo vivido en el tiempo. No pretenden sanar la herida, lo que generan es un espejismo de duración, un delirio de permanencia. La nueva disposición de los pedazos no es más que un remedio temporal cuyas marcas anuncian la frágil realidad de lo reparado y dan lugar a una continuidad y estabilidad ilusorias.

Desde un plano cenital, las cicatrices de esta unión provisional aparecen como un rizoma: la multiplicidad de las fisuras conciliada en una sola estructura, sin importar la secuencia o el tamaño de los quiebres. Aún cuando permanezca como una composición de fracciones, el suelo jamás recuperará la solemnidad de estar entero. Ahora como un entramado, la condición de unidad se actualiza en la huella de sus afecciones materiales. Sobre las articulaciones de los quiebres reposa el absurdo de ser completo en pedazos,  una ilusión de trascendencia que contempla el daño y hace a la rotura partícipe de la existencia. Reparar nos recuerda que somos cúmulos de fragmentos accidentados, enteros armados a partir de trozos de experiencia y circunstancia.