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Un viaje a la Isla Cruger (2024)
Es un cálido día de primavera en Bard College y estás sobre un kayak a las orillas del río Hudson. Traes puesto un chaleco salvavidas. Es mediodía y el flujo de la corriente hace que sea muy fácil remar, el agua trabaja contigo. El claro azul del cielo se difumina con el azul del río Hudson y las nubes esponjosas te hacen compañía, te protegen de los rayos del sol. Flotas dentro de una zona cubierta de castaña de agua que se enreda en tu remo, así que tienes que remar un poco más fuerte para cruzarla. Más adelante, a tu derecha, puedes ver Bilthewood a la distancia, con su colorido jardín que florece en primavera. Cruzas South Bay y te aproximas a un puente donde hay unas antiguas vías de tren que todavía son utilizadas por Amtrak. El nivel del agua es lo suficientemente bajo para pasar por debajo del puente y alcanzas a ver una inscripción anunciando el año en el que fue construido: 1913. A lo lejos, en el río, puedes ver una parcela de tierra que se extiende desde la costa: parece ser una península, pero el nivel del agua ha cubierto todos los caminos que la conectan con la tierra. Los arbustos y árboles son frondosos y han crecido mucho, la vegetación es verde y espesa. Has llegado al lado sur de la Isla Cruger.
Con tu kayak cerca de la orilla, pones los pies sobre tierra firme. Te quitas el chaleco salvavidas y amarras el kayak a un árbol. Desde aquí logras ver fragmentos de una construcción hecha de rocas en el terreno más alto. Subes el cerro, que es elevado pero no muy empinado. Y entonces lo encuentras: el folly de Cruger, ruinas de ruinas falsas. Los restos desmoronados de una estructura de rocas apiladas del sigo XIX, los fragmentos dispersos de lo fue un intento de representar un templo Maya. Te sientas sobre los restos de lo que en su momento fue una pared y miras hacia el río. Este es el paisaje del que fueron parte las esculturas de Uxmal hace casi dos siglos. Desde aquí recibieron a los visitantes que venían en canoas bajo la luz de la luna en búsqueda de una escena pintoresca perteneciente al Romanticismo del pasado. Desde este lugar, las esculturas añoraron a Uxmal en Yucatán, México, al Cuadrángulo de las Monjas, a su antigua morada. Pero aquí fueron contempladas y retratadas: bocetadas, pintadas, fotografiadas, estudiadas—su historia fue reescrita y romantizada. Las esculturas de Uxmal dejaron el Valle del Hudson en 1919 para ingresar a la colección del Museo Americano de Historia Natural en la ciudad de Nueva York. Los fragmentos de una escena que alguna vez fue idílica quedaron abandonados en la Isla Cruger. Mientras remas de regreso, te acompaña la idea del ascenso y la caída de una vista pastoral falsificada.